«Las máquinas pueden ver o percibir detalles que los humanos no podemos distinguir y cada vez poseen más capacidad de entenderlos e interpretarlos»

Una de las principales motivaciones de la investigación en computación afectiva es la idea de simular empatía en una máquina. En el II What if…? Beer, organizado por el eLearn Center de la UOC, se habló con la experta Àgata Lapedriza sobre las investigaciones que se llevan a cabo en los centros de investigación en este ámbito

Existen personas muy perceptivas que son capaces de analizar las expresiones faciales o el lenguaje corporal hasta el punto de reconocer emociones o intenciones que la mayoría de la gente no ve. ¿Qué pasaría si las máquinas fueran capaces de hacer esto y mucho más? ¿Qué pasará el día en que las máquinas puedan percibir e interpretar correctamente información de microexpresiones, cambios muy sutiles en el color de la piel, el ritmo cardíaco, la respiración o cambios en el campo electromagnético que rodea a una persona, y utilizar toda esta información para descifrar lo que sentimos y pensamos, e incluso predecir lo que haremos en cada momento?

Todo esto y las investigaciones que ahora se llevan a cabo en los centros de investigación de todo el mundo se debatió en el II What if…? Beer, celebrado el 5 de junio y organizado por el eLearn Center de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), con la experta Àgata Lapedriza, profesora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC y doctora en Informática por la Universitat Autònoma de Barcelona (2009), y desde septiembre de 2017 investigadora visitante en el Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT Media Lab), en el grupo de Computación Afectiva. Lapedriza introdujo al público asistente esta disciplina, la computación afectiva (affective computing, también llamada emotional AI), que estudia y desarrolla sistemas y dispositivos que pueden reconocer, interpretar, procesar o simular las emociones o los sentimientos. Esta área de investigación, en el ámbito de la informática, es multidisciplinaria e involucra la psicología y la ciencia cognitiva, entre otras disciplinas: «Una de las principales motivaciones de la investigación en computación afectiva es la idea de simular empatía en una máquina, es decir, construir máquinas o robots que puedan interpretar nuestro estado emocional y adaptar el comportamiento para poder dar respuestas adecuadas a las emociones que detecten», apunta Lapedriza.

En relación con la investigación actual que fundamenta este escenario, Lapedriza expuso que uno de los campos más conocidos es el reconocimiento de emociones, ya sea identificando e interpretando la expresión facial, analizando los gestos, detectando e interpretando cambios en el color de la piel o pequeños movimientos imperceptibles a simple vista, señales fisiológicas como la respiración o el ritmo cardíaco, o incluso analizando el habla o un texto. «El fundamento teórico que hay detrás de estas tecnologías es que algunas de nuestras expresiones faciales o gestos son una especie de reflejos automáticos de nuestros estados emocionales. Existen algoritmos que permiten detectar cambios sutiles en el color de la piel o movimientos muy sutiles que no pueden verse a simple vista, e incluso reconocer las emociones que hay en un texto», afirma Lapedriza.

Otras investigaciones están centradas en los sensores, como las pulseras que miden señales fisiológicas, y existen investigadores que desarrollan dispositivos para incluso reconocer las palabras que una persona piensa, con sensores en la cara de una persona: «Cuando alguien piensa una palabra como si fuera a decirla, los músculos que articulan las palabras se activan, se mueven y emiten señales eléctricas que pueden medirse, aunque no hable en voz alta». También con sensores y aplicaciones pueden predecirse trastornos médicos como ataques epilépticos, puede ayudarse a personas con trastorno del espectro autista —en la comunicación o en la regulación emocional— y puede predecirse el estado emocional y crear sistemas que puedan dar consejos personalizados para mejorar nuestro bienestar o bien detectar precozmente depresiones u otros tipos de trastornos o enfermedades mentales. Por otro lado, también se investiga el uso de señales inalámbricas para poder reconocer cambios sutiles en la respiración y el ritmo cardíaco. «Estas tecnologías pueden usarse para detectar presencia, movimiento, posición y gestos. ¡Podremos detectarlo todo desde la habitación de al lado sin que haya ninguna cámara!», dice Lapedriza.

Con todo ello, entre los asistentes al debate surgió la pregunta de qué riesgos puede implicar la evolución de la inteligencia artificial y qué problemas éticos pueden derivarse. Lapedriza en este sentido comentó que «es cierto que últimamente se ve un interés y una preocupación creciente por este tema. En el MIT (y probablemente en otras universidades) han surgido nuevas asignaturas relacionadas con la ética y la tecnología, y en general es un tema del que se habla mucho. Yo creo que es importante ser conscientes de los riesgos, que hay que hablar y que serán necesarias regulaciones». Sin embargo, agregó Lapedriza: «Es importante también destacar los beneficios que pueden aportar estas tecnologías. Aparte de las aplicaciones médicas que he comentado, también existen proyectos relacionados con el aprendizaje. Se han desarrollado muchos experimentos de metodologías docentes con robots personales, tanto con niños como con personas mayores, y en algunos casos se ha demostrado de forma experimental que los robots con empatía pueden contribuir satisfactoriamente en el proceso de aprendizaje, como compañeros o como docentes. Por otra parte, también hay proyectos de investigación para desarrollar robots personales que puedan ayudar en procesos de mediación o en operaciones de rescate

El acto se desarrolló en un ambiente distendido y con un gran interés por el tema por parte de los asistentes y contó con la colaboración de Estrella Damm. El próximo «What if…? Beer» se celebrará el mes de octubre de 2018 con otro tema en el que la investigación nos hace volar la imaginación.



BIOGRAFÍA

Àgata Lapedriza es profesora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC. Es licenciada en Matemáticas por la Universidad de Barcelona (2003) y doctora en Informática por la Universitat Autònoma de Barcelona (2009). Desarrolló la tesis doctoral en el Centro de Visión por Computador. En el pasado, trabajó como investigadora visitante en el Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), desde 2012 hasta 2015. Desde septiembre de 2017, es investigadora visitante en el Laboratorio de Medios del MIT, en el grupo de Computación Afectiva. Sus intereses de investigación están relacionados con la comprensión de imágenes, el reconocimiento y la caracterización de escenas y la computación afectiva. Algunas de sus motivaciones de investigación son el uso de la tecnología para el bienestar y la educación. También está interesada en el uso de la tecnología para analizar imágenes y vídeos a gran escala. En la UOC, Àgata Lapedriza es la directora del máster de Bioinformática y Bioestadística y es miembro del grupo de investigación SUNAI (Scene Understanding and Artificial Intelligence).

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Marta Bernabeu
Journalist at the UOC eLC. Graduated in Communication Sciences by the Universitat Ramon Llull (URL). Master in Coaching & Neurolinguistic Programming (NLP) and Systemic Coaching. Posgraduate in Management and Resolution of Family, Educational and Community Conflicts by Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

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