Prácticas docentes y habilidades digitales durante el confinamiento

10 junio, 2020

Hace ya casi tres meses que estamos confinados en casa por la crisis de la COVID-19 y parece que esto puede durar aún más tiempo, con más o menos medidas de relajación. Durante este tiempo, hemos visto diferentes prácticas docentes en todos los niveles educativos, ya sea viendo lo que hacían nuestros hijos en la escuela (en mi caso, mis hijas adolescentes están en la ESO), en los cursos y seminarios web que han salido como setas y a los que todos nos hemos apuntado en masa para llenar las horas de reclusión, o hablando con los colegas de otras universidades, especialmente a través de nuestros proyectos con Latinoamérica.

Hemos visto muchas cosas, muy improvisadas y con muy buena voluntad por parte de los docentes y, por deformación profesional, las he ido clasificando como buenas prácticas y malas prácticas. Digo malas prácticas pero no es cierto: en una situación de docencia no presencial de emergencia obligada, todo el mundo ha hecho lo que podía y sabía hacer, pero algunas de las experiencias han sido más exitosas que otras, y no solo debido a la edad de los maestros, sino que creo que aquí adquieren una especial importancia las competencias digitales de los docentes.

Buenas prácticas docentes

  • He estado en talleres de hasta cientos de personas con un uso brillante de las Zoom Rooms para hacer grupos pequeños y trabajar en grupos separados.
  • He asistido a seminarios web con mucha gente en los que se han empleado herramientas de participación para captar el grado de atención del público.
  • He visto profesores de secundaria que entienden lo que sería un entorno mixto (blended) (¿tal vez lo veremos en septiembre?) y aprovechan las videoconferencias para trabajar la teoría que el alumnado debe llevar preparada.
  • Hay profesores de matemáticas o de química que han entrado en el mundo de hacer videotutoriales de sus materias. A los adolescentes les gustan los tutoriales de YouTube. Nunca se había entendido tan bien cómo se pueden resolver ecuaciones de segundo grado o cómo funciona la nomenclatura química.
  • He participado en directos de Instagram entre dos ponentes donde se hacía caso constantemente de los comentarios de los participantes.
  • He visto profesores de ESO que han aprovechado la situación y la actualidad y han hecho talleres de noticias falsas donde el alumnado debía emular las desinformaciones sobre el coronavirus que recibimos cada día por las redes sociales.

Malas prácticas Prácticas mejorables

  • Clases magistrales con niños de secundaria. He visto videoconferencias con un profesor hablando una hora y 25 niños con la cámara web apagada (desconectados de lo que dice y jugando o hablando de otras cosas por otro canal). Los adolescentes sí suelen dominar los «otros canales».
  • Maestros que no tienen ni idea de lo que se puede hacer en cuanto a la participación en una videoconferencia. Una hora de clase dedicada a preguntar uno por uno lo que piensa cada alumno sobre un tema.
  • Chicos y chicas muy aburridos en clase. Muchas veces.
  • Seminarios web con varios ponentes en los que cada uno pierde cinco minutos por problemas con la cámara web o porque no saben cómo se comparten las presentaciones.
  • MOOC con lecciones interminables en que, al final, te quedas solo con dos ideas después de tener que tragarte veinte minutos de vídeo.
  • Seminarios web en los que los ponentes ignoran el canal de retorno (feedback) que son los propios comentarios de la herramienta de videoconferencia.

Todo esto nos hace ver la brecha en competencias digitales que tienen muchos maestros y muchos ponentes. Cosas como el trabajo en grupo o la alfabetización digital son básicas actualmente no solo para hacer docencia, sino para ser ciudadanos digitales. 

Mucha gente, por ejemplo, desconoce que hay herramientas para poder hacer una clase o incluso un taller en línea participativo de verdad. En cuanto a herramientas concretas, se pueden hacer cosas muy potentes con las siguientes herramientas:

  • Breakout Rooms de Zoom. Esta característica de Zoom permite dividir los participantes de una sesión en muchos participantes en hasta cincuenta sesiones pequeñas, donde es más fácil comunicarse, debatir y luego llevar ideas trabajadas al grupo general.
  • Herramientas para hacer test, encuestas, muros colaborativos, nubes de etiquetas (tags)… En resumen, para pedir la opinión: Kahoot, AhaSlides, Mentimeter, Poll Everywhere o Padlet
  • Herramientas de contribuciones en línea y espacios de trabajo colaborativo en línea más complejos: Note.ly, Miro.com, Lucidchart o Stormboard.

De todo ello quedará algo a largo plazo: quizás la transformación digital de la educación, o, como mínimo, la extensión de ciertas prácticas de capacitación del profesorado; pero, a corto plazo, seguro que se consolidará la pérdida del miedo a hacer docencia en línea o a hacer más teletrabajo en las empresas. También quedará claro que todos tenemos que invertir algo más —cada uno a su nivel: padres, escuelas y universidades— en la capacitación en habilidades digitales para que todo el mundo tenga las mismas herramientas y, el alumnado, las mismas oportunidades.


Imagen: pixabay.com

Imagen de cabecera: hj barraza en Unsplash

 

Autor / Autora
Guillem Garcia Brustenga es experto en detección y análisis de tendencias en el eLC de la UOC. Ingeniero de telecomunicaciones sénior de la Universitat Politècnica de Catalunya (1997), tiene un máster en Multimedia y dos posgrados en Administración de Empresas y Dirección de Proyectos. Ha participado en la gestión de varios proyectos tecnológicos de la UOC en áreas de innovación relacionadas con internet como facilitador de la innovación educativa de la universidad desde el eLearn Center. Está interesado en modelos y estrategias de innovación, transformación digital de las empresas, oportunidades emergentes y el efecto que tiene la tecnología –y el crecimiento exponencial que provoca– en las personas, la sociedad, el mercado laboral y la educación.
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